2º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B 14 de enero

2º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B         14 de enero

Hoy, como todos los domingos, nos reunimos, convocados por Jesús. Queremos escucharle y queremos alimentarnos de su Pan de vida.  El domingo pasado, en la fiesta del Bautismo del Señor, escuchábamos junto al Jordán la voz del Padre, que nos invitaba a reconocer a Jesús como su Hijo amado. Hoy, veremos cómo empiezan a acercársele algunos de los que serán sus discípulos.  Dispongámonos a celebrar la Eucaristía con alegría y acción de gracias. De pie recibamos al sacerdote, que hoy presidirá nuestra celebración cantando …. 


? MONICIÓN  A LAS  LECTURAS (única)


Samuel, escucha la llamada del Señor y le cuesta reconocerlo, como nos cuesta a menudo a nosotros, pero quien está atento, acaba entendiendo lo que pide el Señor y le responde. San Pablo nos recuerda en la segunda lectura que la fe que profesamos debe influir en nuestra vida de cada día.  Que hemos de cambiar y mejorar nuestras costumbres y nuestra manera de actuar. En el evangelio,  Cristo nos sale al encuentro, pero no se impone.    La fe es una misteriosa combinación entre iniciativa divina y libertad humana. Escuchemos atentamente.


? MONICIÓN  A LAS  LECTURAS (individual )


PRIMERA LECTURA:   1 Sam 3b, 3-10.19 

En la primera lectura vemos cómo Dios llama a aquellos a los que quiere encargar una misión. Escuchemos atentamente.


SEGUNDA LECTURA:   1 Cor 6, 23-15.17-20 

San Pablo escribiéndole a los Corintios viene a recordarnos que nosotros somos miembros del Cuerpo de Cristo y templos del Espíritu Santo. Pongamos atención


EVANGELIO: Jn 1, 35-42

 Por el testimonio de Andrés, su hermano Simón acude también a Jesús y él le encarga su misión..Los invito a ponerse de pie  para cantar el aleluya


ORACIÓN DE LOS FIELES


Al Padre que envió a su Hijo para salvarnos y que hoy nos invita a ser partícipes de su Reino, elevamos nuestras plegarias diciendo: ESCUCHA, PADRE, LA ORACIÓN DE TUS HIJOS


  Por la santa Iglesia de Dios, para que Dios, nuestro Señor, le conceda la paz y la unidad, y la proteja  en todo el mundo. ROGUEMOS AL SEÑOR

  Por los seminaristas y todos aquellos que han sentido la llamada al sacerdocio para que perseveren en este camino de servicio a la Iglesia y Dios les premie con el ciento por uno. ROGUEMOS AL SEÑOR

  Por todos aquellos hombres y mujeres que se encuentran lejos de sus hogares, para que se sientan acogidos y prosperen en la tierra que les recibe. ROGUEMOS AL SEÑOR

  Por los enfermos, los jóvenes sin camino, y los niños sin padres para que sientan la aco-gida de Dios Padre y de los hermanos. ROGUEMOS AL SEÑOR                                                                                                               

  Por todos nosotros, para que busquemos continuamente a Jesús y nuestro encuentro con Él colme de felicidad nuestras vidas. ROGUEMOS AL SEÑOR.   

  Por todos los miembros difuntos de nuestra comunidad Parroquial, para que por la mise-ricordia de Dios, pronto gocen de la luz sin ocaso. Roguemos al Señor                                                        


PRESENTACION DE LAS OFRENDAS

Al presentar el pan y vino, ofrezcámosle al Señor nuestro sí a su llamado y pidámosle que nos ayude llevar una vida coherente con nuestra fe.  Acompañamos la presentación de las ofrendas, cantando.


COMUNIÓN

Jesús por amor se entregó voluntariamente para salvarnos; Él vino para quedarse y hoy po-demos recibirlo sacramentalmente. Acerquémonos agradecidos al banquete de la salvación cantando. 


COMUNIÓN ESPIRITUAL:

Al término de la distribución de la comunión.

 

Hermanos: Todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacra-mentado, pueden hacer la Comunión Espiritual rezando la siguiente oración:

 

Creo Señor mío que estás realmente presente

en el Santísimo Sacramento del altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo

ardientemente recibirte dentro de mi alma;

pero, no pudiendo hacerlo  ahora sacramentalmente,

ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si te hubiese recibido, me abrazo

y me uno todo a Ti;

Oh Señor, no permitas que me separe de Ti.  Amén.


DESPEDIDA

Con alegría por haber glorificado a Dios, y con el gozo de sentirnos discípulos, testigos de la palabra que salva, nos retiramos cantando …


 


UN LLAMADO Y UNA AMISTAD


LECTURA: Juan 1,35-43

 


“En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscan?». Ellos le res-pondieron: «Rabbí —que quiere decir, “Maestro”— ¿dónde vives?». Les respondió: «Vengan y lo verán". Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» —que quiere decir, Cristo—. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» —que quiere decir, “Piedra”.


En el Evangelio de este día nos encontramos con la figura de Juan el Bautista, que estando con dos de sus Discípulos, presenta a Jesús como el Cordero de Dios;  dice la palabra que inmediatamente aquellos discípulos fueron tras los pasos de Jesús.


Hay un detalle del Evangelio que llama la atención y es que marca exactamente la hora en que se produjo ese encuentro. Dice  el Evangelio que fue aproximadamente a las cuatro de la tarde.  Quizás en este punto también nosotros podamos hacer memoria de aquel día maravi-lloso en que por primera vez, nos encontramos con Jesús y que a partir de ese momento nuestra vida ha cambiado, y que fue tan grande la alegría experimentada, que ese recuerdo fundante quedó por siempre en nuestra memoria. A partir de ese momento ya nada fue igual, con Jesús reinando en el corazón, la vida adquiere otra luz.


El Evangelio de hoy, en pocas palabras, reafirma la misión que Dios le había encomendado a Juan el Bautista y que el Evangelio de Juan recalca con tanta frecuencia. Juan Bautista no es la Luz, sino el testigo de la luz, para que todos creyeran por medio de él.  

Juan con su testimonio fue capaz de acercar a aquellos que realmente querían conocer quién era Jesús.  

Ayudaba a preparar el camino, a enderezar los senderos, a que los valles sean rellenados y que las montañas y las colinas sean aplanadas, los caminos sinuosos sean enderezado, y nivelados los caminos desparejos, con el único fin de que todos los hombres vean la salvación de Dios. Mientras que Juan el Bautista indicaba el camino, Jesús invitaba a compartir su intimidad. A la pregunta de los dos discípulos:”Maestro, ¿dónde vives? Jesús responde. “Vengan  y vean”.  

Qué bueno es que al comenzar el nuevo año, la palabra nos recuerde, cual es también nuestra misión.  Al igual que Juan el Bautista, estamos llamados a ser testigos de la Luz, que es Cristo, a fin de que todos crean el Él por medio de nosotros.


Que este año que comienza podamos hacer carne la Palabra de Dios para que de esta ma-nera seamos sal de la tierra y luz del mundo.


ORACIÓN 


Te damos gracias, Dios Padre, porque, como a los apóstoles,

Cristo no ha llamado por nuestro nombre a su fiel seguimiento.

Por el bautismo tú nos has hecho miembros del cuerpo de Cristo

Y templo vivo del Espíritu Santo para alabanza de tu gloria.

Es vocación hermosa nuestra vocación cristiana. ¡Gracias, Señor!

Pero es también vocación totalizante: en cuerpo y alma.

Guíanos, Señor, mediante el Espíritu de tu verdad,

Para que entendamos qué es ser discípulo auténtico de Jesús.

Y haznos fuertes para testimoniar los valores del espíritu

En el mundo que nos rodea, satisfecho de cuerpo y ayuno de alma.

Así demostraremos que te pertenecemos para siempre. Amén