CICLO B Guión 11 de febrero - 6º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

6º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B  Guión   11 de febrero


Queridos  hermanos: Bienvenidos a esta celebración en el 6º Domingo del Tiempo Ordinario. Jesús siempre se acerca a nosotros y nos llama, como hizo con el leproso del evangelio. Él nos da su gracia y su salvación, cura nuestros males, y nos invita a vivir unidos a él. 

Este domingo coincide con la jornada mundial de los enfermos y de los agentes de salud. Todos estamos llamados al amor al prójimo y solo dándolo sabremos si somos o no cristianos, es decir si amamos verdaderamente al Cristo que está en el hermano sufriente.

Disponiéndonos a encontrarnos con el Señor y con el hermano, nos ponemos de pie y can-tamos…


MONICIONES A LAS LECTURAS

  Opción 1: Monición única para todas las lecturas

El texto del Levítico nos acerca a la terrible existencia de los enfermos de lepra en el judaísmo del Antiguo Testamento. Jesús, en el pasaje del evangelio, sana al leproso y lo integra de nuevo en la vida de su pueblo. Pablo, en el texto de la carta a los Corintios, nos invita a ac-tualizar el comportamiento de Jesús, siguiendo su ejemplo, como él sigue el de Cristo 


  Opción 2: Moniciones para cada lectura

Primera lectura (Levítico 13, 1-2. 44-46) 

Con esta lectura del Antiguo Testamento, veremos lo que significaba ser leproso en la época de Jesús, y lo dura que era su vida. Escuchemos atentamente.


Segunda lectura (1 Corintios 10, 31—11, 1)

En el pasaje de la primera carta a los de Corinto, Pablo sugiere unas normas cristianas que él cumplió primero, a ejemplo de Cristo. Escuchémoslas.


Evangelio (Marcos 1, 40-45)

El pasaje de la curación del leproso nos indica cómo Jesús se ocupa de la persona y de sus necesidades. Los invito a ponerse de pie  para cantar el aleluya


ORACIÓN DE LOS FIELES:


Con plena confianza en el poder salvador de Dios, repetimos después de cada petición:  ESCÚCHANOS SEÑOR Y PURIFÍCANOS DE NUESTROS PECADOS"

  Para que la Iglesia sea siempre el instrumento por el que tu Hijo nos libere del mal que hay en nuestras vidas, te pedimos...

  Para que por el ministerio del Papa Francisco, nuestros Obispos y los sacerdotes, re-cibamos siempre tu infinita misericordia, te pedimos...

  Para que en el mundo, por la conversión de todos los que tienen la responsabilidad de su gobierno, se termine el mal de la guerra, el hambre y el dolor, te pedimos...

  Para que todos los que sufren la enfermedad del alma o del cuerpo, sepan recurrir a tu Hijo y su dolor se transforme en fuente de vida, te pedimos...

  Para que todos los enfermos, especialmente los que no tienen los recursos para obte-ner su tratamiento médico, encuentren en los cristianos la ayuda necesaria, te pedi-mos…  

  Para que los cristianos, tomemos conciencia del daño que provoca nuestro pecado a la comunidad y busquemos la curación interior que nos devuelve a la alegría de la familia de los hijos de Dios, te pedimos...


 PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

Ofrezcamos ahora a nuestro Padre del Cielo, un sincero arrepentimiento de todo lo malo que aún existe en nuestro corazón, para que toda nuestra vida quede purificada y renovada en Cristo, nuestro Señor. Cantamos…


COMUNIÓN

Nos acercamos a recibir a Jesús, alimento que nos preserva del pecado, pidámosle que puri-fique nuestras almas para poder así recibirle dignamente. 


COMUNIÓN ESPIRITUAL:

Al término de la distribución de la comunión.

Hermanos:

Todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacramentado, pueden hacer la Comunión Espiritual rezando la siguiente oración:

 

Creo Señor mío que estás realmente presente

en el Santísimo Sacramento del altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo

ardientemente recibirte dentro de mi alma;

pero, no pudiendo hacerlo  ahora sacramentalmente,

ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si te hubiese recibido, me abrazo

y me uno todo a Ti;

Oh Señor, no permitas que me separe de Ti.

Amén.


DESPEDIDA:

Ahora, al volver a nuestros hogares, se debe notar la alegría que ha transformado nuestros rostros, porque hemos sido curados del mal que nos oprimía y que ahora nos convierte en testimonios de la vida de Cristo en nosotros.