Novena en Honor a la Virgen del Huerto a la luz de la exortacion Apostólica GAUDETE ET EXSULTATE del Papa Francisco,

Queridas Comunidades

Acercándonos ya a la NOVENA DE LA VIRGEN DEL HUERTO, como Equipo de Laicos, preparamos un material, como ‘SUBSIDIO’ para rezar, reflexionar con la Exhortación Apostólica GAUDETE ET EXSULTATE del Papa Francisco, en la que encontramos expresiones muy similares a las de San Antonio Gianelli en su homilía sobre LA OBLIGACIÓN DE HACERSE SANTOS. Es una opción de las Comunidades Educativas de Entre Ríos.  Y proponemos el material, por si alguien quiere adoptarlo. Sería una oportunidad de hacer conocer a mucha de nuestra gente, la existencia de este documento.

La presente propuesta tiene dos momentos: un texto del Capítulo III de la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate (GE) y otra reflexión sobre María y las bienaventuranzas. Está elaborado por temas siguiendo el texto de las Bienaventuranzas de Mateo 5,3-12.

Creímos que nos ayudará a tomar conciencia que el Señor nos eligió “para que fuéramos santos e irreprochables ante Él por el amor” (GE 2)

Sabemos, que cada Comunidad Religiosa y Educativa, con mucha creatividad y amor a la Virgen del Huerto, organiza esta novena  de acuerdo a las necesidades de su comunidad, pero quisimos hacerles llegar este escrito por si puede ayudar.

Pidamos a la Virgen del Huerto, para nosotros y para todos los que  viven en nuestros ambientes, la capacidad y la voluntad de dejarnos inquietar, y como dice el Papa, que: “Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida. De otro modo, la santidad será solo palabras”( GE 66).

 

Equipo Laicos, Pcia. Rel de Buenos Aires

 PROGRAMA PRÁCTICO PARA UNA VIDA CRISTIANA SANTA:   LAS BIENAVENTURANZAS

 

Novena en preparación a la Fiesta de la Virgen del Huerto

 

BIENAVENTURANZAS: ‘GPS’ PARA LA SANTIDAD

 

Las Bienaventuranzas son el “programa” de vida que nos propone Jesús, la “tarjeta de identidad del cristiano”,  y que lo identifica como seguidor de Jesús”. “En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestra vidas”(GE 63). Las Bienaventuranzas son como un   “GPS” que va indicando la orientación que debe tomar nuestra vida. Las bienaventuranzas son el espejo del cristiano. Cada día debemos mirarnos en ese espejo, para ver si estamos o no alcanzando la estatura de Cristo que es nuestro modelo de santidad.

Con las bienaventuranzas Cristo, sin decírnoslo explícitamente, nos hizo un retrato de la persona santa. Es más, detrás de esas bienaventuranzas se encuentra el retrato de Cristo, el Santo de los santos. “Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida. De otro modo, la santidad será solo palabras”( GE 66).

La Virgen María es el espejo de las bienaventuranzas y del perfecto seguimiento de Jesús. La fidelidad plena a la palabra de Dios, en cada momento de su vida, es la causa de su bienaventuranza.

 

Pidamos a la Virgen del Huerto, durante esta novena, que nos enseñe a tener alma de pobres, a consolar y ser consolados, a ser pacientes, a trabajar por la justicia, a ser misericordiosos, a tener el corazón puro y a buscar la pureza del alma, a trabajar por la paz. Ella lo hizo, y le pedimos que nos enseñe y nos ayude a vivir las bienaventuranzas.

 

1º  DÍA DE LA NOVENA

“FELICES LOS POBRES EN EL ESPÍRITU PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS:

 

“Jesús llama felices a los ‘pobres de espíritu’,  a los que tienen el corazón pobre y desprendido, donde puede entrar el Señor con su constante novedad.  Jesús “nos invita a una existencia austera y despojada. … nos convoca a compartir la vida de los más necesitados, la vida que llevaron los Apóstoles… en definitiva a configurarnos con Jesús, que «siendo rico se hizo pobre por nosotros» (GE 68)

 

«Felices los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos».

 

La vida de María, como la nuestra, estuvo sometida a la misma clase de situaciones sociales opresoras, desesperanzadoras y, con frecuencia, difíciles, en que todo ser humano se encuentra situado alguna vez. La futura Reina de los Cielos, trabajaba como una mujer más en el medio rural en que vivía; sin que nada de lo que ella realizaba pudiera predecir la grandeza de su destino. Solícita en sus labores, modesta en sus dichos, firme en poner a Dios, y no a los hombres, como guía de sus acciones.

La Virgen fue consciente de su pequeñez e insignificancia. Vivió la pobreza del espíritu; vivió la aceptación de esta humilde condición, según el espíritu de los pobres de Yahvé, de los que María es la más sublime expresión.

El Magnificat, celebra la pobreza de María y la predilección de Dios por los hambrientos, los humildes, los pobres   y es también el canto de quien vive las Bienaventuranzas. La alegría del Evangelio brota de un corazón pobre, que sabe regocijarse y maravillarse por las obras de Dios, como el corazón de la Virgen, a quien todas las generaciones llaman “dichosa”.

¡Bienaventurada seas María, que nos muestras cómo sobrellevar las dificultades de la vida poniéndolo todo, con absoluta confianza,  en las manos de Dios!

¿Soy podre de espíritu, y como María, totalmente abandonado en Dios?¿Trato de seguir un estilo de vida sobrio y simple, como conviene a quien quiere testimoniar el evangelio?

 

2º DÍA DE LA NOVENA

“FELICES LOS MANSOS PORQUE HEREDARÁN LA TIERRA”

 

“Jesús dijo: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas». Si vivimos tensos, engreídos ante los demás, terminamos cansados y agotados. Pero cuando miramos sus límites y defectos con ternura y mansedumbre, sin sentirnos más que ellos, podemos darles una mano y evitamos desgastar energías en lamentos inútiles” (GE 72).   “Reaccionar con  humilde mansedumbre, esto es santidad” (GE 74).   

 

«Felices los mansos porque heredarán la tierra».

María resplandeció en mansedumbre y dulzura. Humilde sierva del Señor, nos enseña a ofrecernos a Jesús, con sencillez y humildad; nos muestra como disponer el corazón a la acción del Espíritu Santo y a predisponernos siempre a la acción de Dios!  Ella nos ofrece una perfecta definición de la humildad en el Magníficat cuando dice:  “… porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones…"

María vivió y aceptó las situaciones y acontecimientos de su vida con mansedumbre; nunca se quejó, siempre se mostró llena de bondad, de compasión y de caridad, de misericordia, de amor. Ella es modelo de mansedumbre para todos.

Podríamos resumir hoy las palabras de María en "nada soy en mí misma, pero todo lo soy en el Señor"- María guarda en su corazón lo que no entiende, ha elegido libremente ser la esclava del Señor y lo lleva hasta las últimas consecuencias.

Hay una violencia de las acciones, pero también hay una violencia de las palabras y de los pensamientos. ¿Soy humilde?  ¿Domino la ira fuera y dentro de mí? ¿Soy amable y afable con quien está cerca de mí?

 

3º DÍA DE LA NOVENA

FELICES LOS QUE LLORAN, PORQUE ELLOS SERÁN CONSOLADOS:

 

Dice el Papa: “La persona que, viendo las cosas como realmente son, se deja traspasar por el dolor y llora en su corazón, es capaz de tocar las profundidades de la vida y de ser auténticamente feliz. Así puede atreverse a compartir el sufrimiento ajeno y deja de huir de las situaciones dolorosas. De ese modo encuentra que la vida tiene sentido socorriendo al otro en su dolor, comprendiendo la angustia ajena, aliviando a los demás. Esa persona siente que el otro es carne de su carne, no teme acercarse hasta tocar su herida, se compadece hasta experimentar que las distancias se borran. Santos son los que saben llorar por los demás y por sus propias equivocaciones. (GE 76)

 

Felices los que lloran, porque ellos serán consolados: 

María es Madre y consuelo de los afligidos, porque  también ella lloró a lo largo de su vida. El descrédito de engendrar un hijo sin conocer varón. El dolor del alumbramiento en la pobreza de Belén. El cansancio de la huida a Egipto. La tristeza por la pérdida del Niño en Jerusalén.

María sabe lo que es sufrir, estuvo al pie de la cruz en el Calvario. Su corazón sensible ante el dolor ajeno y su gran pesar por las grandes injusticias, ingratitudes y tormentos por los que estaba pasando su Hijo, la prepararon para doctorarla en la difícil asignatura del significado cristiano del sufrimiento,  que, para un creyente no puede ser una maldición, ya que Jesús proclamó ‘felices’ los que lloran’.

Las lágrimas y el sufrimiento están en el mismo centro del misterio de María, como había profetizado Simeón. Era natural que llorara ante la pérdida del niño en el templo; natural, también, llorar al pie de la cruz. María participa en todo el drama de la pasión de su Hijo, no solo como persona histórica, sino representando misteriosamente a la Iglesia, y a través de ella, a toda la humanidad creyente en la historia de la salvación.

¡Bienaventurada seas, María, corredentora del género humano, que nos invitas a tomar nuestra cruz de cada día y acompañar siempre a Jesús!

¿Considero la aflicción como una oportunidad para parecerme a Cristo? ¿Cuáles son los motivos de mis tristezas? ¿Sé guardar como un secreto entre Dios y yo alguna contrariedad, sin hablar de ello con otros?

 

4º DÍA DE LA NOVENA

FELICES LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE ELLOS QUEDARÁN SACIADOS”

 

Dice el Papa que: “La justicia empieza por hacerse realidad en la vida de cada uno, siendo justo en las propias decisiones, y luego se expresa buscando la justicia para los pobres y débiles. Es cierto que la palabra «justicia» puede ser sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios con toda nuestra vida, pero si le damos un sentido muy general olvidamos que se manifiesta especialmente en la justicia con los desamparados: «Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda»(GE 79).

 

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados”

 

María, madre de  los pobres, soportó la carencia de muchas cosas; ella también experimentó en su vida sensaciones ingratas y dolorosas. Sintió profundamente el hambre y la sed de justicia, de la santidad, de oír la palabra de Dios, guardándola en su corazón. Ante la voluntad de Dios que le propone el ángel, pronuncia su «hágase», que es la manera bíblica de expresar su sumisión total. Sus palabras expresan su deseo, su  ansia de que se cumpla la voluntad de Dios. La suya no fue una aceptación resignada sino un gozo impaciente de que se haga lo que el Señor desea. ¡Bienaventurada seas, María, que nos muestras como dialogar con Dios , desde la sencillez, y con tu «Sí» nos indicas el camino a seguir!

¿Tengo hambre y sed de santidad? ¿Tiendo a la santidad o desde hace tiempo me he resignado a la mediocridad y a la tibieza? El hambre material de millones de personas, ¿pone en crisis mi búsqueda continua de comodidad?

 

5º DÍA DE LA NOVENA

FELICES LOS MISERICORDIOSOS PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA.

 

Jesús dice: «sean misericordiosos como su Padre es misericordioso; no juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados; den, y se les dará». La medida que usemos para comprender y perdonar se aplicará a nosotros para perdonarnos. La medida que apliquemos para dar, se nos aplicará en el cielo para recompensarnos. Jesús llama felices a aquellos que perdonan y lo hacen «setenta veces siete». Es necesario pensar que todos nosotros somos un ejército de perdonados. Todos nosotros hemos sido mirados con compasión divina. Si nos acercamos sinceramente al Señor y afinamos el oído, posiblemente escucharemos algunas veces este reproche: «¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» (GE 81).

 

Felices los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia.

 

María, madre de misericordia, es la mujer que se compadece y que acoge con el corazón a los amigos de Jesús, que ampara a los discípulos tras la muerte del Señor, es la que acoge los sufrimientos y los dolores de los hombres, la que intercede para lograr la intercesión de Dios. El corazón maternal de María está lleno de misericordia. Ella fue la discípula más fiel de su Hijo..  María es la Madre de la Misericordia, que nos lleva ante su Hijo para que nos reconciliemos con Él María es absolutamente misericordiosa, como Madre de Jesús y Madre nuestra. Encontramos su misericordia en las bodas de Caná. Allí estaban invitados la Madre de Jesús y, junto a Él, sus discípulos. Se acabó el vino y la Madre de Jesús intervienen para que su Hijo haga un milagro.

 “Estamos llamados a vestir entrañas de misericordia hacia nuestros hermanos... debemos tener, y casi revestirnos de una grandísima mansedumbre, suavidad, dulzura, benignidad... al punto que nos brote verdaderamente del corazón; es más del corazón mismo de Cristo, debemos aprenderla”. (S. Antonio Gianelli)

¡Bienaventurada seas, María, porque nos enseñas que de tu mano y por medio de tu intercesión nada es imposible para Dios!

¿Soy misericordioso? Ante la equivocación de un hermano, de un colaborador, ¿reacciono con el juicio o con la misericordia? ¿He sido también yo alguna vez el siervo perdonado que no sabe perdonar?

 

6º DÍA DE LA NOVENA

“FELICES LOS  DE CORAZÓN LIMPIO, PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS”

 

“En la Biblia, el corazón son nuestras intenciones verdaderas, lo que realmente buscamos y deseamos, más allá de lo que aparentamos: «El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón»  El evangelio dice que lo que viene de dentro del corazón es lo que contamina al hombre, … En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que realmente nos mueven  Cuando el corazón ama a Dios y al prójimo, cuando esa es su intención verdadera y no palabras vacías, entonces ese corazón es puro y puede ver a Dios (GE 83).

 

“Felices los  de corazón limpio, porque ellos verán a Dios”

María, la Inmaculada, la Virgen, la llena de gracia, de virtudes y de innumerables dones, la que no contenía en su corazón la inclinación a la maldad. María, la limpia de corazón, la que ajustó siempre su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, sin dobleces, con autenticidad, simplicidad y transparencia;  la rebosante de caridad, rectitud, amor a la verdad y firme en la fe, siempre esforzándose en complacer a Dios, siempre actuando para servir sin recibir nada a cambio…   María es la limpia de corazón. Por esto la llamamos ‘la Virgen’; y su nombre   indica simplicidad, sin doblez, autenticidad, limpieza, transparencia. En su corazón anidaron los más puros y nobles sentimientos. ¡Bienaventurada seas, María, que nos invitas a renunciar a nosotros mismos  para darnos más a los demás!

¿Soy puro de corazón? ¿Puro en las intenciones? ¿Digo sí y no como Jesús? Lo más directamente opuesto a la pureza de corazón es la hipocresía. ¿A quién me esfuerzo por agradar en mis acciones: a Dios o a los hombres?

 

7º DÍA DE LA NOVENA

“FELICES  LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ, PORQUE ELLOS SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS”

 

Dice el Papa: “El mundo de las habladurías, hecho por personas que se dedican a criticar y a destruir, no construye la paz, mientras  que los pacíficos son fuente de paz, construyen paz y amistad social. A esos que se ocupan de sembrar paz en todas partes, Jesús les hace una promesa: «Ellos serán llamados hijos de Dios». La Palabra de Dios exhorta a cada creyente para que busque la paz junto con todos, y que en nuestras comunidades «procuremos lo que favorece la paz»  No es fácil construir esta paz evangélica que no excluye a nadie sino que integra también a los que son algo extraños, a las personas difíciles y complicadas, a los que son diferentes, Es duro y requiere una gran amplitud de mente y de corazón. Construir la paz no es ignorar o disimular los conflictos,…. Se trata de ser artesanos de la paz, porque construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza (GE 87). 

 

“Felices  los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”

La Virgen es constructora de paz a través de su presencia y de muchos gestos concretos: nadie queda excluido de su presencia. Ella pone especial atención en cada uno de nosotros, recibe y acompaña cada historia, abre sus manos para abrazarnos a cada uno y a todos, nos escucha y nos ayuda a reconocernos hermanos. A Ella que llevó en su vientre a la Verdadera Paz, le pedimos que podamos recibir este don tan anhelado y que, siguiendo su ejemplo, podamos construirlo.  ¡Shalom! paz, era el saludo con el que María comunicaba la paz. Su porte sereno, su equilibrio afectivo, su alma virgen, su confianza plena en Dios, su abandono total, le daba esa elegancia serena y espiritual, que es la expresión de toda paz; todas sus palabras son indicios de esta bienaventuranza.  Necesitamos la paz, le pedimos a Ella que nos enseñe a construirla, a poner el cuerpo en esta tarea que es de todos.”Al soñar con un mundo mejor, ponemos nuestra confianza en ella, la bienaventurada Virgen, Reina de la Paz. ¡Bienaventurada seas, María, que en la discreción y sencillez de la vida haces grande lo pequeño!

¿Soy agente de paz? ¿Me esfuerzo por referir siempre y sólo el bien, las palabras positivas, dejando pasar el mal, los chismes, lo que puede sembrar discordia? ¿Está la paz de Dios en mi corazón?

 

8º DÍA DE LA NOVENA

“FELICES LOS PERSEGUIDOS A CAUSA DE LA JUSTICIA PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS”

 

Dice el Papa:

Si no queremos sumergirnos en una oscura mediocridad no pretendamos una vida cómoda, porque «quien quiera salvar su vida la perderá»  No se puede esperar para vivir el Evangelio que todo a nuestro alrededor sea favorable.  Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades. Otras veces se trata de burlas que intentan desfigurar nuestra fe y hacernos pasar como seres ridículos (GE 90.91).

 

“Felices los perseguidos a causa de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos”

 

María, la mujer que aceptó el sufrimiento en su vida con sencillez, la que vio como condenaban injustamente a su Hijo a morir en la Cruz, la que tuvo que huir a Egipto por la maldad de Herodes, la que tuvo que aceptar las calumnias y las insidias contra Jesús en sus tres años de vida pública.

Antes de que Jesús muriese en la cruz, antes de que la cruz se hiciese cristiana, María ya participaba de ella a lo largo de toda su vida. Desde las dudas de José hasta el pie de la cruz, en silencio y amor, la madre se identificaba con su Hijo.

¡Bienaventurada seas, María, que nos invitas a no cesar en la oración desde el corazón, a rezar por los que  nos rodean, por los políticos, por la conversión del mundo, por la paz!

¿Estoy dispuesto a sufrir algo en silencio por el Evangelio? ¿Cómo reacciono ante alguna ofensa o descortesía que recibo? ¿Participo íntimamente en los sufrimientos de tantos hermanos que sufren por la fe, o por la justicia social y la libertad?

 

9º DÍA DE LA NOVENA

LA VIRGEN MARÍA ESPEJO DE LAS BIENAVENTURANZAS.

 

La Virgen María es el espejo de las bienaventuranzas y del perfecto seguimiento de Jesús. La fidelidad plena a la palabra de Dios, en cada momento de su vida, es la causa de su bienaventuranza.

 No es bienaventurada simplemente por ser la madre del Mesías sino porque ha escuchado la palabra de Dios y la ha puesta en práctica. Su vida entera es una floración de las bienaventuranzas.

Ella nos muestra hoy el camino hacia la santidad, desde las bienaventuranzas, en lo ordinario de nuestra vida, en la simplicidad de nuestros gestos, en la humildad de las pequeñas cosas, con las que queremos llegar hasta el corazón mismo de Jesús.  María es la madre de los pobres de espíritu, es la madre de los afligidos porque siempre está consolando, es la madre de los pacientes, porque es la reina de gran paciencia, es la madre de los que claman por justicia, porque ella sufrió la injusticia de su Hijo, es la madre que enseña misericordia y que enseña a perdonarnos entre nosotros (Papa Francisco).  

 

“Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios,  la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…» (GE 176)

 

¡María, haznos descubrir la pobreza de espíritu, la pobreza de alma, la sencillez de la vida, las virtudes de la que tu eres ejemplo!

¡Enséñanos a tener un corazón desprendido, generoso, cordial, tierno y amable como el tuyo! ¡ María, ayúdanos a descubrir que la fidelidad a lo cotidiano es en realidad una gran fidelidad al Padre!

¡Enséñanos, María, como enseñaste a Jesús a vivir la sencillez de la vida, a trabajar por amor a Dios y a los demás, a tratar siempre bien a la gente, a acompañar al que lo necesita.

María, acompáñanos en nuestra misión de ser testigos del Evangelio, a llevar la Buena Nueva al corazón de los que se cruzan en nuestro camino, a llevar amor al prójimo, a rezar con el corazón abierto aceptando siempre la voluntad del Padre!

 

ORACIONES A LA VIRGEN DEL HUERTO

 

Oh María del Huerto,

en tus manos ponemos esta súplica,

(se pide la gracia que se desea alcanzar)

bendícela, preséntala a Jesús,

haz valer tu amor de Madre y tu poder de Reina.

 

Oh, María del Huerto, contamos con tu ayuda,

confiamos en tu poder, nos entregamos a tu voluntad,

estamos  seguros de tu misericordia.

Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros.

Amén.

 

ORACIÓN

 

Oh María, las divinas Escrituras te llaman

 Huerto Cerrado y Fuente Sellada,

porque tu único Señor ha sido siempre, sólo Dios, el Altísimo.

Madre del Verbo Encarnado y Madre de los pobres,

a los cuales te has manifestado  en tu huerto de gracias,

levanta sobre nosotros pecadores la mano de tu Hijo, Jesús, 

para que nos bendiga y acompañe hacia el Padre.

 

Madre de la escucha: haz de nuestro corazón un huerto que acoge,

custodia y cumple la Palabra del Evangelio. Vigoriza nuestra fe. 

Madre de la Eucaristía: haz de nuestro corazón un huerto 

que se nutre del pan de vida, garantía de la gloria eterna.  

Confírmanos en la esperanza.

Madre de la Iglesia: haz de nuestra vida un huerto fecundo  para los hermanos,

especialmente los predilectos de Dios,  los que sufren y los pequeños. 

Sostennos en la caridad.

Haznos testimonios del Evangelio abiertas al mundo entero,

con espíritu misionero  y acogedor para cuantos no conocen a tu Hijo.

Amén.

 

 

ORACIÓN

 

Virgen del Huerto

Así te queremos invocar, Virgen María, Madre de Dios.

Guarda a la familia gianellina en tu corazón,

para que aprendamos a conocer y vivir el Evangelio de tu Hijo Jesús.

Bendice nuestros trabajos, nuestras relaciones sociales y familiares,

Virgen del Huerto, cuida en cada uno de tus hijos, la fe, la esperanza y el amor

para que cada uno sea fiel al lugar que Dios le ha señalado en la vida.

Amén.

 

 

ORACIÓN