3º Domingo de Cuaresma“A”

 

 

   El Evangelio de este domingo es uno de los textos bíblicos más importantes que recibían los catecúmenos como preparación al bautismo en la Pascua en los primeros tiempos de la Iglesia.

    Este tiempo para nosotros durante la Cuaresma y la Pascua, es tiempo propio para renovar y profundizar en nuestros compromisos bautismales.

    Jesús encuentra a la Samaritana cerca del pozo, lugar tradicional para los encuentros y las conversaciones. Él parte de la necesidad muy concreta de su propia sed y obra de modo que la mujer se sienta necesaria y servidora. Con la pregunta, hace que la Samaritana pueda descubrir que Él depende de ella para resolver el problema de su sed. Jesús despierta en ella el gusto de ayudar y servir.

    Jesús le pide agua: dame de beber. El agua viva que promete Jesús provoca en la Samaritana la petición: Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed.

 

La alegría que le dio la promesa de Jesús, hace que la samaritana  olvide su cántaro para ir a contarle a sus vecinos la buena noticia que acaba de recibir.  Es una alegría que, como le pasó a la samaritana, nos ayuda a darle el verdadero valor a las cosas. Nos abre los ojos para descubrir al que tengo a mi lado y valorarlo como a un hermano, nos abre el corazón para compartir con él la vida  y la  alegría del Evangelio:

“La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar. Los males de nuestro mundo y los de nuestra Iglesia, no deberían ser excusas  para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer”.(EG.84)

 

Espéranos, Señor, junto al pozo.

Aléjanos de tantos deseos, de tantos amores efímeros

que nos distraen.

Ahonda en nosotros el vacío y llénalo Tú.

Ensancha nuestro corazón, inflámalo de esperanza.

Calma, Tú, esta sed que nos abrasa interiormente.

Enséñanos a acompañar a nuestros hermanos

 a buscarte y llenarnos de ti.

ORACION INICIAL

 

Ven, Espíritu Santo, ilumina mi mente,

abre mi corazón, toma mis manos,

para que comprenda el mensaje de la Palabra,

para que sienta la profundidad del divino amor,

para que camine abriendo mis manos

a los que necesitan misericordia y amor. Amén.

 

CONTEXTO BÍBLICO:

El tema que expone el evangelista en esta página es sobre el proceso del encuentro con Jesús y sus consecuencias. Jesús escoge un escenario muy particular para darnos su lección: el  pozo de Jacob y los habitantes de Sicar.  Con elementos fundantes como el sentido y significado del agua, nos ubica en el paso obligado para el cristiano por el bautismo; del alimento que nos va ubicando en la Eucaristía. Detengámonos en el texto:

 

LECTURA BIBLICA Jn 4,  5-15.19b.39ª.40- 42 (texto abreviado)

Llegó (Jesús) a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob había dado en herencia a su hijo José. Allí estaba el pozo que llamaban de Jacob. Cerca del mediodía, Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo.  Los discípulos habían ido al pueblo a comprar algo de comer. En esto una mujer de Samaria llegó al pozo a sacar agua, y Jesús le pidió: Dame un poco de agua. Pero como los judíos no tienen trato con los samaritanos, la mujer le respondió: ¿Cómo tú, que eres judío, me pides agua a mí, que soy samaritana? Jesús le contestó: Si supieras lo que Dios da y quién es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.  La mujer le dijo: Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es muy hondo: ¿de dónde vas a darme agua viva?  Nuestro antepasado Jacob nos dejó este pozo, del que él mismo bebía y del que bebían también sus hijos y sus animales. ¿Acaso eres tú más que él? Jesús le contestó: Los que beben de esta agua volverán a tener sed;  pero el que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré brotará en él como un manantial de vida eterna.  La mujer le dijo: Señor, dame de esa agua, para que no vuelva yo a tener sed ni haya de venir aquí a sacarla.  Nuestros antepasados los samaritanos adoraron a Dios aquí, en este monte, pero vosotros los judíos decís que debemos adorarle en Jerusalén. Jesús le contestó: Créeme, mujer, llega la hora en que adoraréis al Padre sin tener que venir a este monte ni ir a Jerusalén.  Vosotros no sabéis a quién adoráis; nosotros, en cambio, sí sabemos a quién adoramos, pues la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán conforme al Espíritu de Dios y a la verdad. Pues así quiere el Padre que le adoren los que le adoran.  Dios es Espíritu, y los que le adoran deben hacerlo conforme al Espíritu de Dios y a la verdad. Dijo la mujer: Yo sé que ha de venir el Mesías y que cuando venga nos lo explicará todo. Muchos de los que vivían en aquel pueblo de Samaria creyeron en Jesús por las palabras de la mujer, que aseguraba: “Me ha dicho todo lo que he hecho.” Así que los samaritanos, cuando llegaron donde estaba Jesús, le rogaron que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días, y muchos más fueron los que creyeron por lo que él mismo decía. Por eso dijeron a la mujer: Ahora ya no creemos solo por lo que tú nos contaste, sino porque nosotros mismos le hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo.

 

LECTURA (qué dice el texto) 

 

 Algunas preguntas para ayudarte en la lectura atenta y provechosa…

 

El texto describe el diálogo entre Jesús y la Samaritana. Diálogo muy humano, que demuestra cómo Jesús se relacionaba con las personas y cómo Él mismo aprendía y se enriquecía hablando con otros.

¿Qué aspectos de la conducta de Jesús te interroga, interpela o provoca?

¿Qué te llama más la atención en Jesús y en la Samaritana durante el diálogo? ¿Qué influencia ha tenido Jesús en ella?

A lo largo del camino de la vida el pueblo, el hombre de hoy “padece sed”, ¿qué haces tú para acercarlos a Jesús para que sacien su sed?

¿Adoras a Dios en espíritu y verdad o te apoyas y orientas más sobre ritos y prescripciones?

 

MEDITACIÓN. ¿Qué me dice esta Palabra?

 

¿Qué me dice hoy la Palabra de Dios? ¿En qué me puedo asemejar a la Samaritana? ¿Busco intensamente a Dios, sin un afán conformista de la vida? ¿Soy capaz de reconocer mis propios errores y tengo la valentía suficiente para pedir al Señor un cambio en mi vida? Doy testimonio de mi fe o me avergüenzo de ella? En este tiempo cuaresmal he tomado la decisión de seguir de cerca cuantas enseñanzas recibo para celebrar gozosamente la Pascua?

 

ORACIÓN. ¿Qué me hace decir esta Palabra?

Ponte en posición orante (por ejemplo: de rodillas, o con las manos abiertas hacia arriba sobre las rodillas…) lo imprescindible es sentir serenamente la presencia de Jesucristo.

 

 “Era la hora sexta” una hora muy especial, como la hora en la que estuviste clavado en la cruz. Señor no esperes a la hora sexta, ven a todas horas a visitarme, hazme un sediento de ti.«Señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva?». «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».  Sólo él puede verter en tu corazón de la fuente que brota para la vida eterna.

Quédate en silencio amando y contemplando el diálogo de Jesús y la Samaritana. Deja que él te hable y transforme.

 

CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo me ayuda esta Palabra a encontrarme con Jesús?

 

Me impacta y causa profunda admiración, reverencia y adoración: Exquisita la pedagogía de Jesús, conduciendo la conversación desde el agua material hasta la espiritual: "el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna". La revelación progresiva del mismo Cristo: "yo soy", el Mesías, el que habla contigo. El que beba del agua que yo le daré... Es una respuesta -"yo soy" la luz, la vida- que en otros domingos escucharemos en estas claves.

También nosotros tenemos sed. Es una experiencia que todos conocemos y que entendemos fácilmente también en su sentido espiritual. Sed de verdad, de felicidad, de amor, de plenitud, de vida. Es bueno que sintamos sed. El que no tiene sed, no busca fuentes de agua. El que lo sabe todo no pregunta. El que se cree un santo, no pide perdón. El que se siente rico, no pide nada. El que tiene todo eso, ¿para qué necesita la conversión cuaresmal y la Pascua? ¿Te encuentras ahí?

 

ACCIÓN  ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

 

¿Qué va a suponer en tu vida este encuentro con Jesús?

La Samaritana cambio de vida, ¿y tú?  

La samaritana dejándolo todo salió corriendo a la ciudad para anunciar ¿no será el Cristo? Toma la iniciativa, anuncia a Jesucristo, más que con palabras con tu vida.

Busca los momentos en que puedes estar con Jesús y hablarle.

Acércate a las necesidades de los que encuentras en tu camino y vive con ellos el mensaje de amor y esperanza de Jesús

En esta Cuaresma me propongo vivir de tal manera  que los demás descubran a Jesús en mí, por mis palabras y por mi estilo de vivir, marcado en la sed que siento por las cosas de Dios

 

ORACION FINAL

 

Quiero, Jesús, encontrarme contigo.

Te pido que me sacies con esa agua tuya

para no tener más sed

de las cosas que me desvían

de ser un auténtico discípulo tuyo.